OFTALMOPATÍA TIROIDEA

¿Qué es?

Es una enfermedad autoinmune en la que las células (linfocitos) encargadas de defendernos de infecciones y de regular las inflamaciones, actúan incorrectamente y atacan a diferentes órganos del cuerpo, entre ellos la glándula tiroides y los ojos. En la glándula tiroidea se desencadena una inflamación por mecanismos desconocidos que activa la producción de hormonas de manera no controlada, creando hipertiroidismo. En los ojos aparece una inflamación en el 15% de los hiper, hipo o normotiroideos.

¿Cómo afecta a los ojos?

La órbita es una cavidad ósea en la que se alojan el globo ocular, los músculos, la grasa, los nervios y los vasos sanguíneos del ojo.

En la órbita se encuentran unas células que tienen la misma proteína que la glándula tiroides, por lo que los linfocitos atacan estas células causando gran inflamación en los músculos, en la grasa y en el área periocular palpebral. La inflamación y el edema (acumulación de líquido) que se produce en estos tejidos hace que aumente el volumen de la grasa y que se engruesen los músculos que mueven el globo, lo que origina desplazamiento y protrusión (imagen de ojos saltones o exoftalmos) así como dificultad para realizar los movimientos oculares. Al mismo tiempo se produce edema y aumento de los tejidos blandos de los párpados y cejas.

¿Cuáles son los síntomas?

La enfermedad ocular puede aparecer antes, al mismo tiempo o después de las manifestaciones sistémicas de la enfermedad tiroidea, es decir del hipertiroidismo (aunque también puede presentarse en pacientes que sean hipotiroideos o normotiroideos sin evidencia de enfermedad sistémica). Los síntomas y signos que aparecen en las etapas más tempranas son poco específicos, el paciente siente molestias al mover los ojos, edema periocular, lagrimeo, sensación de arenillas, intolerancia al viento y al sol, como si tuviese una conjuntivitis. Con el transcurso del tiempo empieza a notar dificultad para enfocar los objetos, especialmente en la lectura, como si tardara un momento en poder ver bien un objeto al fijar la mirada, también empieza a notar cierta hinchazón en los párpados y bolsas en los ojos. Todos estos síntomas se acentúan por las mañanas y van mejorando en el transcurso del día. Si la enfermedad progresa, el paciente empieza a notar que el ojo está más abierto y más expuesto hacia fuera (Proptosis o Exoftalmos), observación que nota al comparar fotografías de los últimos meses o años, además puede tener visión doble y dolor al mover los ojos. Algunos pacientes no tienen estos últimos síntomas y solo tienen los ojos más saltones, eso se debe a que en algunos casos hay una inflamación mínima y progresiva que no causa molestias notables.

¿Cuál es el pronóstico?

Cada paciente puede tener una evolución diferente. La enfermedad orbitaria tiene mejor pronóstico en mujeres jóvenes, mientras que es más severa en mujeres y hombres a partir de los 50 años. Esta enfermedad afecta mayoritariamente a mujeres, pero no es infrecuente que los hombres la padezcan.

Fumar empeora el pronóstico. Se ha demostrado que en los fumadores la enfermedad permanece durante meses o años y responden peor al tratamiento.

El diagnóstico precoz de la enfermedad ocular y tiroidea mejora el pronóstico porque se obtiene una mejor respuesta al tratamiento. Es de gran importancia que en las primeras semanas de la enfermedad ocular (en las que aparece edema palpebral, lagrimeo por las mañanas, visión borrosa, conjuntivitis crónica, etc) el paciente sea explorado por un oftalmólogo especialista en órbita y un endocrinólogo. Sorprendentemente, los análisis de hormonas tiroideas pueden ser normales en los primeros meses.

¿Por qué son tan perjudiciales el tabaco y el estrés?

El tabaco contiene innumerables sustancias químicas que no conocemos pero que inflaman los músculos y la grasa orbitaria. Es imprescindible dejar de fumar para evitar nuevos episodios de inflamación.

El estrés puede ser un desencadenante del hipertiroidismo. Influye directa y negativamente en la orbitopatía tiroidea porque desestabiliza el control metabólico de la enfermedad a la vez que produce más inflamación en los ojos.

¿Cuáles son los riesgos?

La enfermedad orbitaria puede aparecer con mínimos o evidentes síntomas de actividad inflamatoria produciendo diferentes formas clínicas (orbitopatía activa o inactiva). La complicación más grave puede ser la pérdida de la visión al comprimir los músculos el nervio óptico. Otra complicación es la úlcera corneal que puede provocar una perforación ocular; en este caso está indicada la cirugía con carácter prioritario, además de controlar la enfermedad general.

Es frecuente la aparición de visión doble horizontal o vertical al inflamarse los músculos oculares.

Los párpados pueden abrirse en exceso y crean una imagen de “ojos espantados”. Los pacientes sufren con frecuencia depresiones ante los cambios físicos que se producen en sus ojos. Esas alteraciones se pueden corregir con cirugía una vez se ha estabilizado la función tiroidea y han desaparecido los episodios de inflamación.

¿Cuál es el tratamiento?

Para el tratamiento de la enfermedad orbitaria es fundamental la estabilización del hiper o hipotiroidismo. De ahí el gran valor del control endocrinológico cada dos o tres meses mientras perdura la enfermedad ocular. La orbitopatía debe tratarse lo más pronto posible ya que el tiempo es un aliado en la respuesta al tratamiento. Si existe actividad inflamatoria en los ojos el tratamiento es con inmunosupresores (esteroides, ciclosporina, rituximab y en algunos casos radioterapia).

Los esteroides se utilizan preferentemente en pulsos endovenosos por el gran efecto que tiene sobre la inflamación. Pueden utilizarse también por vía oral pero tienen más efectos secundarios si se toman durante meses (aumento de peso, aparición de vello, hipertensión e incluso diabetes). Cuando la enfermedad no responde al tratamiento con esteroides (25% de los casos), está indicada la prescripción de otros inmunosupresores como la ciclosporina y, en casos especiales, los antiTNF (rituximab o tocilizumab).

Cuando la enfermedad ocular está inactiva y sin inflamación, el tratamiento es quirúrgico para rehabilitar al paciente de los cambios originados por la enfermedad, bien sea el estrabismo (visión doble), la retracción palpebral (ojos asustados), el exoftalmos (ojos saltones) y las bolsas de grasa alrededor de los ojos.

¿La cirugía deja cicatrices?

No. Las nuevas vías de abordaje para descomprimir la órbita (desplazar los ojos hacia atrás) se realizan por vía conjuntival, o bien a través de pequeñas incisiones en el pliegue del párpado superior.

La cirugía de descompresión aumenta el tamaño de la órbita para permitir que el ojo se desplace hacia atrás, ya sea resecando tejido óseo o grasa. Esta cirugía se realiza con microscopio para evitar dañar las delicadas estructuras de la órbita. Las cirugías para corregir el estrabismo, la retracción palpebral y las bolsas perioculares se realizan por vía interna o a través de las líneas de expresión de la piel (no dejan cicatrices o son imperceptibles).

El Centro Oftalmológico Moreiras es pionero en estas técnicas de microcirugía orbitaria y realizan grandes intervenciones quirúrgicas a través de pequeñas incisiones que reducen las complicaciones y no dejan cicatrices.

¿Quiénes son los especialistas más indicados?

La órbita es una subespecialidad de la oftalmología, por lo que debe ser tratada por oftalmólogos especializados en estas patologías, ya que ellos son los que mejor conocen la función ocular y las estructuras orbitarias.

El Dr. Pérez Moreiras y la Dra. Prada tienen más de 25 años de experiencia en el tratamiento de estas enfermedades. Su experiencia está avalada por más de 2000 intervenciones quirúrgicas y varios libros sobre la enfermedad.

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